
Yo era una niña de unos 6 años cuando disfruté de aquella tradición de “correr el entroiro”. Aún conservaba las dimensiones que uno les atribuye cuando es pequeño. Lógicamente si les pedía permiso a mis padres para acompañar a mis amigos en aquella aventura, me dirían que no. Así que me escapé.
“Correr el entroiro” es una fiesta típica en la que con nuestros disfraces y caretas, se iba por las casas pidiendo comida y dinero para luego hacer una merienda, era típico pedir en el pueblo y en otros pueblos cercanos.
Como los caminos estaban oscuros se utilizaba los “cólmelos” manojos de paja como entrenzada muy altos, en los que se ponía fuego como si fuese una antorcha y con eso se pasaba de un pueblo a otro.
Aquella noche me imagino que mas de uno se iría sin permiso por que yo lo que recuerdo es que a la salida del pueblo tenían los chicos mayores los “cólmelos” escondidos.
Sólo ponerles fuego y con el alboroto que armábamos, toda la euforia, el fuego, mezclados con el miedo así llegamos al otro pueblo donde nos encontramos con los niños de luiña, los pequeños a la retaguardia y los mayores a pedrada limpia.
Fuimos derrotados y no pudimos pasar, así que vuelta atrás. Al llegar a un punto debajo de Fresno vimos unas luces…….gritaron ¡los guardias! Y todos corriendo camino arriba.Que mas que un camino era un inmenso arrollo donde una niña de pequeña le costaba dar paso, allí perdí mi madreña. Llegamos a fresno y la gente tan generosa nos dijo…… ¿donde vais así? Venir a secaros.
Desde allí al pueblo sólo había un camino el de la “balseira”, solo de pensarlo ¡que miedo! había que pasar por el “crucieiro” yo de la mano de mi amiga mary amigas y compañeras de juegos, trastadas y aventuras, siempre había “el típico” algo mas mayor que aunque tenia tanto miedo como los demás grito ¡“un muerto!”y otras tonterías, aparte del las historias que iban contando, de apariciones, del trasgo, que para quitarse ellos el miedo, casi nos da algo a los mas pequeños.
Cuando ya creíamos estar a salvo llegamos al “Rigueiro” un pequeño río que a mi me parecía inmenso, imposible pasar… no se como conseguí cruzar, eso si, los pies no eran míos (no recuerdo que hice con la otra madreña) pero durante mucho tiempo siempre me recordaban mis amigos como la perdí.
Cuando llegue a casa, después de tal aventura,casi disfrute de la azotaina que me dieron.
Al final conseguimos bastante comida para la merienda que se celebró en casa de la “mangeira”: chorizos que nos hicieron, empanadas, chorizos al vino, huevos que nos hicieron tortillas y junto con algunos padres, comimos, bailamos, y disfrutamos de los carnavales, no se si se siguió haciendo esa tradición de pelear mas con el pueblo vecino, para mi si, no quise saber mas nada de“correr el entroiro” otros años salí a pedir, me hice mi careta, pero solo por el pueblo.
La foto es de la última fiesta que se celebro en fondo de villa, hay gente de toda la parroquia años mas tarde sin ningún tipo de rencores por aquella pelea.